sábado, 5 de junio de 2010

El Altruismo



“De mi propia experiencia puedo decirle que cuando practico el altruismo y el cuidado de otros, esto inmediatamente me hace estar más tranquilo y más seguro”.

Dalai Lama en Twitter http://twitter.com/DalaiLama.
(Es impresionante que pueda copiar aquí esta frase escrita por Dalai Lama hace unos días, o que ahora acabe de leer la última de sus perlas, porque le sigo desde mi espacio. Maravilloso lo de la revolución de las comunicaciones...).

Con relación al tema de la entrada, últimamente me han dicho varias personas que soy demasiado confiada, que desconfíe un poco más del mundo, que la gente es mala, que no crea en la bondad de casi nadie… A veces lo llego a admitir, porque el primer estrato de las relaciones y de la vida nos muestra la mediocridad a la que nos lleva el miedo (la sombra que también está en nosotros) en sus muchas manifestaciones, y ante la que soy la primera en reaccionar inadecuadamente. A veces, me quedo en eso. Pero cuando es así no me siento bien. Eso es, indudablemente, una señal de que no debo seguir por ahí...
Sin embargo, cuando le oigo a alguien repetir eso de “Desengáñate, la gente es mala”, saliéndose del grupo enjuiciado, pronto caigo en que él o ella y yo somos también gente y que, por tanto, ¿por qué nos creemos tan distintos?
Probablemente, estamos analizando a una masa, concretada en nuestra mente en unas cuantas personas con las que “rozamos”, por distintos motivos de convivencia. Sí, ya sé que piensas en ese jefe que “te hace la pascua”, o en ese miembro de la comunidad de vecinos que “ameniza” las reuniones, o tal vez en un familiar que parece de todo menos familia. Pues esas personas, ante una anciana que se cae, un niño que necesita ayuda o una situación que requiere de su colaboración (cuando el ego está sedado) tienen la misma reacción que tú y que yo, la de ofrecerse a ayudar.
Así que -insisto- si, como ellos, en ocasiones me considero “buena” y otras no tanto ¿Por qué me voy a creer tan distinta entonces? Si no desconfío de mí ¿Por qué he de desconfiar de nadie?

Por otra parte, si el mundo no me gusta debería ponerme a trabajar en mí, que soy parte del mundo… "Lo que muchos llaman "maldad" es irresponsabilidad individual, pero quienes de ese modo lo llaman no ven su propia irresponsabilidad”, acabo de escribir en mi Twitter.
La semana pasada, en Redes, mostraban un experimento relacionado con el altruismo. Una persona tiraba una pinza mientras tendía la ropa, haciéndole creer a un niño, de menos de dos años, que se le había caído, con el fin de comprobar su reacción. Repitieron este experimento con varios niños más. Todos respondieron de igual forma: inmediatamente, recogieron la pinza y se la entregaron a la persona que estaba tendiendo.

Vivo en las afueras de un pueblo pequeño, donde, más o menos, tenemos una idea general de las circunstancias de cada persona. Ayer, baje a hacer unas compras y, acordándome de todo esto que estoy ahora desarrollando, hice una prueba: me propuse reducir la velocidad del coche, e ir fijándome en la expresión de cada una de las personas conocidas con las que me encontraba. Es más fácil observarlas parapetada tras la carrocería, que cara a cara. Quería saber qué me inspiraban. A medida que iban haciendo aparición, de todas ellas, de distintas edades, estratos y géneros, sólo me llegaba un sentimiento: compasión, a pesar de cualquier cosa.
Uno a uno, viven (vivimos) con nuestras preocupaciones, ilusiones, decepciones o esperanzas… Recorrí el pedazo de sus vidas que conozco y ¿qué mal van a querer hacer conscientemente (incluso aunque lo hagan) si sólo tratan de ser felices, aunque, en ocasiones, no lo consigan? ¿Son distintos a mí o a ti? No.
Os sugiero que realicéis esta prueba, incluso con personas cercanas, que os produzcan un rechazo, de las que os resulte difícil encontrar cualidades, de las que recordéis actitudes que pueden llegar a desagradaros. Abandonad la imagen prefijada en vuestra mente y miradles con el corazón. Imaginaos su vida en sus casas, con sus familias, tranquilos, viendo la televisión, o paseando con sus hijos. Cuando enferman, o cuando están celebrando un éxito, mientras duermen o estornudan, cuando son lo que verdaderamente son. Quedaos en lo que guardan internamente…no en la competición o la lucha que parezcan tener con vosotros. Quitadles la máscara.
Da igual que lo que representen. Ellos no son lo que hacen, son lo que son.
Encontraréis su capacidad para amar, que unos desarrollan más y otros ocultan más, por miedo, por miedo a parecer vulnerables si alguien llega a descubrir que ellos también son compasivos.