domingo, 11 de agosto de 2013

RESPETO


Sólo hay un modo de ser respetado:
respetándote y respetando.
O, lo que es lo mismo,
aceptándote y aceptando.

viernes, 9 de agosto de 2013

Lo contrario del amor no es el odio, sino el miedo


Convencida: la inseguridad de las personas es una de los principales causas de división y conflicto.

Moraleja: fortalecerse interiormente no es una opción más para el buen funcionamiento del mundo, sino la más necesaria.

Sólo desde la seguridad en nosotros mismos somos capaces de alegrarnos de la prosperidad y del bien de los demás y de compartir en lugar de acaparar. Al contrario, nos frustramos por ello y producimos dolor a nuestro alrededor, con la intención inconsciente de que nos aporten desde fuera la integridad que no queremos o no sabemos hallar conscientemente.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Mis libros, también en Amazon

Si quieres armonizarte, quererte y sentir entusiasmo por la vida, lee PALABRAS PARA EL BIENESTAR.

Si te gustaría desarrollar tus dones, tu talento y embellecer con ello el mundo, lee EL DON DE VIVIR COMO UNO QUIERE.

Si pretendes abrirte un camino laboral con sentido, saber los pasos que tienes que dar para conseguirlo, disfrutar del trabajo, independientemente de cómo sean las circunstancias, y ofrecer lo mejor de ti para tu crecimiento y el progreso de la empresa, lee LA GESTIÓN DE LA VIDA EN EL TRABAJO.

Son libros basados en mi propio aprendizaje.

¡Ya tienes lecturas para este verano! Y yo... encantada y agradecida.

Accede a la información sobre los libros clicando AQUÍ

martes, 6 de agosto de 2013

DESAPEGO




"El desapego o la liberación consciente de todo y de todos es, a la vez, lo que nos hace sentirnos más unidos, porque en el desapego no hay ambición sino desprendimiento. Nada es tuyo y todo lo es; nada a lo que aferrarse y todo para deleitarse.

Sentirse acompañado, tener cosas y disfrutar de ello es muy válido, pero siempre que nuestra felicidad no esté encadenada a su posesión. De lo contrario, sufriremos por el miedo a la pérdida, ante la creencia de que cuando nos falten esos objetos o esos seres que creemos imprescindibles para sentirnos bien, nos encontraremos desamparados.

Desapego no es desidia, ni desafecto, sino vivencias reales, sin enaltecer una realidad inventada por el ego o fundamentada en el pasado y en el futuro. Desde la libertad interior se actúa libre de anhelos, y en esa presencia consciente lo más gratificante de la vida es vivirla.

Hay que vivir ligero, desinteresadamente. Dejar el lastre de la identidad acuñada con pedazos de unos y otros; renunciar a dependencias y pesos. No arrastrar cargas nuestras ni las de nadie, no volcar nuestros problemas sobre nadie, no esperar ni pedir, tan sólo recibir los obsequios de la vida y corresponderla con una actitud tolerante y enérgica, generadora de más vida".

Fragmento de mi libro El don de vivir como uno quiere

Lazos de seda



Te despreocupas de caerle bien a todo el mundo y comienzas a caerles bien. 
Sueltas la necesidad de reconocimiento y te reconocen
Te liberas de pedir y recibes.
Desatas nudos y creas lazos... de seda :-)

lunes, 5 de agosto de 2013

La vida sigue viviendo


Todo sigue funcionando sin ti.
No has venido  para salvar a nadie,
sino para llenarte de amor y emitirlo,
a manos llenas y a voz en grito
o en silencio absoluto y con renuncia total.
Todo fluye cuando de amor te colmas,
todo mana, de manera natural,
ya sea en voz alta o en sigilo,
ya a manos llenas, ya con la nada en ellas.

sábado, 3 de agosto de 2013

La gente no cambia



Las personas que dicen que la gente no cambia suelen ser aquéllas que esperan que el cambio provenga siempre de los demás.

La esencia permanece, pero si uno se lo propone crece.
Son dos los ingredientes básicos: humildad para reconocer que de ti depende y disposición para investigar nuevas posibilidades en tu interior.

No es sólo un camino de rosas, pero en él vas hallando muchas bellas y olorosas, y el perfume que exhalan te anima a continuar, a aprender, día a día, a soñar.

jueves, 1 de agosto de 2013

EL MONASTERIO



Me hospedé en él durante unos días.
Madrugué antes de que naciera el sol.
Hilvané mi siguiente libro
con algo más de cien poemas,
redactados todos en paz y amor.
Compartí mesa con “desconocidos”; 
pronto, intercambiamos vivencias.
Escuché cánticos y bendiciones.
Oré, dando gracias más que pidiendo;
 medité en conexión con el firmamento.
Observé que estoy bien conmigo, 
que soy capaz de guardar silencio,
pero que comunicar es mi vida,
y poco soy si nadie escucha mi verbo.
Sentí la serenidad en mí,
 y hube de superar algún miedo.
Supuso una prueba distinta,
de la que ya ha germinado
 el mejor de los premios,
valorar todo lo que “poseo”,
sin aferrarme con pasión a ello,
sino con la mesura y el desapego
a que me conduce el sosiego.
¿Repetiré la experiencia?
Es algo que aún no me planteo,
porque la imagen que hay de mí hoy
quizá no se asemeje a lo venidero.
Me alegro de haberlo elegido,
cumplí el reto propuesto.
Ahora sé que es fácil estar sola,
si pones la conciencia en ello.


miércoles, 24 de julio de 2013

martes, 9 de julio de 2013

Fluir, con 92 años



Acabo de encontrarme en un comercio con una mujer de 92 años, que nadie diría que tiene más de 75. Son los que la he calculado, antes de que ella me los confesara. Unos amigos comunes me han dicho quién era, porque apenas la conocía de oídas y por sus iniciales en un par de cuadros.

En el salón de la casa de mis padres están colgados esos dos cuadros suyos, desde que se casaron. Es una pintora conocida, pero no es preciso dar su nombre, porque nos hemos comunicado de esencia a esencia. Los cuadros son preciosos, retratan paisajes de los pinares de nuestro pueblo (ella veranea en él, de toda la vida). Mi padre construyó su chalet en una zona rodeada de naturaleza, la que tan bien queda reflejada en su pintura, en esas obras de arte que me embelesaban desde pequeña.

Hemos hablado sobre varios temas, pero la conversación desembocaba siempre en lo que tenemos en común: la pasión por "nuestro tesoro", la expresión de lo que nos dicta el alma, a través de los pinceles o de las palabras; no importa el vehículo. El brillo de sus ojos (que es lo que puedo percibir) denotaba que eso es, sin duda, una parte fundamental de lo que mantiene nuestro entusiasmo por la vida.

"¿Cómo puede alguien aburrirse? me decía... "Con todo lo que tenemos que sacar de dentro, con tanto por disfrutar".

El best seller Fluir, de Mihaly Csikszentmihaly, que recomiendo (el nombre del autor podéis llevarlo anotado, jejeje)  describe perfectamente ese proceso de involucrarse en algo que te colma y que te lleva, sin buscarlo, a encontrar la felicidad.

A lo largo de nuestra charla, me recordaba a Ana María Matute (tiene un parecido físicamente, incluso) cuando dijo esta frase en una entrevista con motivo de su Premio Cervantes:

"Nunca me aburo. No he perdido jamás la capacidad de asombrarme".

O esta otra:

"He contribuido en algo a que la gente se sienta, no sé si mejor, pero que se sienta".

He quedado para tomar un café un día de éstos con ella. Me encantará hacerlo. "¡Hace un café exquisito!", apostilla nuestra amiga en común... ¡Lo que faltaba! concluyo 


sábado, 6 de julio de 2013

¿Interesante o interesado?

Me gustan las personas interesantes, no las interesadas.
Pero sé que quien actúa con interés 
es porque aún no ha descubierto lo interesante que es.

martes, 2 de julio de 2013

La humildad de saber quién eres



"Humildad es reconocer tus valores en secreto", dice Jodorowsky. Es cierto.  Y cuando los reconoces eres capaz de verlos sin miedo en el otro.

Hasta entonces, recorres un camino errado, que no llega a ninguna parte; quieres que, desde fuera, descubran el tesoro que llevas dentro.

viernes, 21 de junio de 2013

El sentido de la vida

"Encontrar el sentido de la vida es atender a lo que ocurre en este instante". 
Sergi Torres

miércoles, 19 de junio de 2013

La felicidad es ella misma



“La búsqueda desesperada de felicidad

no es más que la continuación de la propia infelicidad.

La felicidad nunca se busca a sí misma.

Es ella misma”.

Guy Finley, en el delicioso libro Lo que realmente importa



viernes, 14 de junio de 2013

Fluye



Suelta el control... y cesa el sufrimiento. 
Estoy experimentándolo, tras muchos años de haberlo sólo teorizado.

jueves, 6 de junio de 2013

Sobre la bondad del ser humano


Hace unos días, en un viaje en tren, pude experimentar la bondad de los viajeros; cómo una persona mayor le preguntaba al interventor una duda del trayecto, y otra joven se ofrecía a acompañarla a realizar su trasbordo. Y cómo otro joven se apresuraba a alcanzar la maleta de un señor que tenía dificultad para bajarla del estante.

Constaté en ese viaje lo que ya sabía, que, cuando te comportas con los desconocidos con naturalidad y miras a las personas por su fondo, por lo que son, recibes la misma mirada de su parte.

En silencio, escuché casualmente las conversaciones de algunos jóvenes que hablaban de sus proyectos, y me di cuenta de que este periodo "revuelto" en el que vivimos está despertando lo mejor de nosotros: nuestra creatividad, nuestro talento y, por esas y otras muestras que percibí el otro día, nuestra solidaridad.

“Todos los días de mi vida aprendo algo”, decía una señora mayor a otra que, como ella, venían de recorrer, nostálgicas, su ciudad natal con sus respectivos maridos.

Ya, en Madrid, mi querida hermana, una gran profesora con alma y muchas cosas más, estaba esperándome con un rico almuerzo y, como siempre, acompañándome con su sonrisa y cariño hasta la hora de la entrevista de la que he hablado por aquí en estos días.

De regreso a casa, en la estación me abordaron dos señoras para ofrecerme la posibilidad de hacerme socia de Aldeas infantiles. Iba con tiempo de sobra y me detuve a hablar con ellas. En menos de dos minutos estábamos dialogando sobre nuestras vidas y proyectos; yo, con el vello de punta, quizá por sentir la misma energía; ellas me mostraban su afecto con palabras y gestos de amabilidad. Ambas tenían una vida interesante, plena de creatividad y servicio a los demás. Intercambiamos teléfonos y tarjetas. La más joven me habló de un libro que iba a presentar su novio, Rafael González Millán, poeta e invidente, Los sentidos del alma, publicado por la Fundación ONCE. Lo leeré, porque, en esta vida, todo sucede por algo, y esa obra con ese título tan cálido y profundo tiene que terminar en mis manos. Me despedí de ellas con un cariñoso abrazo y sabiendo que, aunque no volvamos a vernos, hay algo de cada una en las tres.

A continuación, me acerqué a la barra de una cafetería para tomar un piscolabis y le dije al camarero: “Póngame también un donuts, que hoy me lo merezco” . Él se sonrió, sin pedirme explicaciones.

Si es que somos tan iguales… perdón, somos todos tan lo mismo y hay tanta bondad en el ser humano, que basta con frotar la piel para que afloren nuestros mejores sentimientos.


lunes, 3 de junio de 2013

Mi tía Petrita tenía un 127



Sí, mi tía Petrita, como todos le llamábamos (Petra -piedra en latín- era demasiado duro para su dulzura), tenía un Seat 127. Se sacó el carnet, valiente ella, pasados los 50 años. Era hermana de mi madre, la tía soltera de los seis hermanos. Murió joven, pero dejó mucha huella en nosotros. Una tía muy devota, pero con los pies en este mundo, muy cercana, cariñosa, siempre con una sonrisa para todos. Vivía en su propio mundo, era muy independiente, a la vez que familiar. Cuando se estaba yendo, nos confió que diéramos de baja una suscripción de una revista de carácter científico y espiritual; siempre intuí que tenia muchas inquietudes y supuse que esa revista era su “secreto”. 

Mi tía me pedía que le peinara algunos sábados. Se me da bien moldear el pelo y, cuando acudía a su casa, estaba sentada con el peinador sobre sus hombros, el pelo mojado y el secador enchufado, para que mi esfuerzo fuera el mínimo. Ella siempre estaba dispuesta a hacernos cualquier favor a todos los sobrinos.

Tenía una tienda de ultramarinos; de las famosas tiendas de toda la vida, de esas impregnadas del aroma del bacalao cortado a “guillotina” y del pimentón a granel, que envolvía con gran destreza. Era preciosa, la heredó de mis abuelos. Vivimos en un pueblo muy frecuentado por veraneantes de Madrid y, por eso, mi abuelo la puso el nombre de “Madrid pequeño”. El mostrador, de mármol y madera tallada, entonaba con el reloj dorado que presidía el frente, obsequio de una marca de café.  El escaparate tenía una forma redondeaba, que le daba un aire distinto. Los niños nos subíamos en un pequeño peldaño y, cuando nos sujetábamos en su cristal, salía ella a decirnos: "Hijos, no dejéis los dedos  marcados"; lo hacía en un tono tan amable que ahí seguíamos haciendo equilibrio.

Mi tía tenía muchas habilidades y una gran inteligencia. Como mi madre, pertenecía a esa generación de niños de la posguerra que no pudieron formarse por falta de posibilidades, pero que desarrollaron su talento del modo que  estuvo a su alcance. Arreglaba cualquier aparato electrónico como si fuera un técnico especialista. Escribía muy bien, como casi todos los de mi familia, la verdad (veo cómo se expresan cuando nos intercambiamos mensajes, y pienso… “si quisieran, podrían hacer lo mismo que yo” :-)). Tenía una libreta en la que iba apuntando curiosidades. Me decía que algunas clientas le pedían “escalestrix” por “espaguetis”, por ejemplo.

Ella confiaba mucho en mí. El día en que me llamaron para una entrevista de trabajo para la que debía presentarme en un par de horas en la empresa (en la que aún estoy), fui corriendo a su tienda a pedirle que me llevara, que no había tren disponible para ello; se quitó rápidamente el “guardapolvos” (¡qué bueno! Acaba de venirme esta denominación que le daban a la prenda, cuando me he imaginado quitándosela), y nos subimos al coche. En el camino yo iba tranquila, bien acompañada y segura de que iba a quedarse esperándome paciente a la puerta de la empresa, en su 127, el tiempo que fuera necesario. 

En mi libro, La gestión de la vida en el trabajo, que, aunque no personalizo, responde bastante a mi propia historia, se me pasó este detalle, recordar de algún modo a quien te ha ayudado en momentos tan importantes como éste,  resaltar su disposición y el papel que jugó en ello. Mis padres siempre fueron incondicionales. En el libro les pongo en primera plana en los agradecimientos, porque no puedo estar más agradecida de su protección y ayuda y del ambiente cálido que propiciaron en casa, sin presión alguna en mi formación y desarrollo. Pero había dejado a mi tía fuera de la historia. Esta mañana, al despertar, me ha venido su imagen y no he dudado en escribir este relato. No estoy corrigiendo nada de lo que me va naciendo, porque es algo que tengo muy grabado en el corazón.

Salí de aquella entrevista, que duró como una hora y media. Consistía, entre otras cosas, en una redacción breve sobre un tema de actualidad. Recuerdo que hablé del paro universitario (nada parecido al actual, claro, pero había sus dificultades). La redacción me salió redonda; iba con ventaja porque era mi fuerte. Me dio tiempo a pasarla a limpio, así que guardé el borrador inicial y, al salir, se lo di a leer a mi tía: 

- "¡Te cogen, hija, te cogen! Me dijo, dándome un beso apretado en la mejilla. 

- “Bueno tía, acaba de empezar la selección, faltan  un par de entrevistas y pruebas”, le respondí. Pero yo también tenía un buen presentimiento.

Retomamos felices el camino de vuelta, con nuestra radio sintonizada y comentando las cosas que habían sucedido en ese día de trabajo en equipo ;-).




domingo, 2 de junio de 2013

No es eso

No es que sea menos sociable, es que ya hablo conmigo.

No es que sea menos complaciente, es que soy más libre.

No es que os quiera menos, es que ya sé en qué consiste querer.

jueves, 30 de mayo de 2013

El propósito

"Todos tenemos un propósito en la vida... un don o un talento especial que dar a los demás. Y cuando mezclamos ese talento único con el servicio a los demás, experimentamos éxtasis y júbilo en nuestro espíritu, que es la última meta de todas las metas" 

Deepak Chopra.